Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas

Conclusión.


En el presente trabajo hemos analizado dos teorías que responden a la necesidad de reflexión sobre el peligro que representa el desarrollo tecnocientífico. Desde el comienzo de la técnica, ha habido en el ser humano, una cierta ambición por ir superándose a sí mismo en el desarrollo de la técnica, sin reflexionar en las consecuencias y efectos que ésta podría tener sobre el hombre, el futuro y el medio en el que habita. Dicha falta de reflexión y pensamiento crítico lleva a ambos autores a establecer una teoría que conlleve un desarrollo tecnocientífico sostenible para el futuro del ser humano y el planeta. Las teorías de Jonas y Beck traen a colación la cuestión de la responsabilidad del ser humano para con los humanos futuros y la naturaleza ¿tiene el ser humano responsabilidad sobre el futuro y el planeta?, o por el contrario, ¿el ser humano debe desarrollar su poder tecnocientífico más allá de las cuestiones éticas?

Para Jonas la respuesta es clara, el ser humano es el único ser libre, y esa libertad conlleva responsabilidad con los humanos futuros y con la naturaleza. Con los hombres futuros porque el ser humano ha de posibilitar la existencia de la esencia humana, con la naturaleza porque es la morada del hombre y sólo en ella puede darse una auténtica existencia de la esencia humana. Jonas funda su ética en la metafísica del ser y el deber, ya que la responsabilidad para con el futuro (lo que no existe) es infundamentable, con ello formula un imperativo “que haya humanidad en el futuro”, para que lo anterior ocurra los hombres del presente deben concienciarse respecto al riesgo del desarrollo tecnocientífico y hacerse responsables de las acciones que lleven a cabo para así proteger la existencia futura de la auténtica esencia humana. Jonas realiza una defensa total de la esencia del hombre, para la cual formula dos imperativos, que tan sólo puede darse en la tierra y que dicha esencia tiene que existir en el futuro. El desarrollo tecnocientífico aumenta el poder del hombre, y ésto conlleva un aumento de su responsabilidad respecto a las consecuencias que derivan del poder. La teoría de las responsabilidad de Jonas se fundamenta en el siguiente imperativo: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”, la responsabilidad del ser humano consiste en moderar su acción teniendo en cuenta las consecuencias que ésta pueda tener para el futuro del hombre y la naturaleza. Aquí surge el siguiente interrogante: ¿cómo se hace al ser humano responsable?, Jonas propone como respuesta la heurística del temor. La única forma de que el ser humano se conciencie de la responsabilidad que tiene para con la esencia humana y la naturaleza, es a través de la observación de los horrores que sus acciones pueden conllevar, al ser consciente de las consecuencias de su acción, se crea en el ser humano un temor, que en lugar de paralizarlo, lo activa para llevar a cabo las medidas convenientes que contrarresten las consecuencias de su acción. Dicho temor comienza en la incertidumbre que resulta de la esperanza que los hombres tienen en la acción que se proponen realizar, las consecuencias de dicha acción no son predecibles completamente, por lo que este horizonte de duda provoca en el hombre el respeto, es decir, el temor que le activa, que conduce a la conciencia del hombre de la responsabilidad que tiene respecto a la esencia de hombre y la naturaleza. Este concepto de hombre, que solo es capaz de ser responsable a través del miedo, observamos que puede estar influenciado por el contexto del autor: Jonas vivió las dos guerras mundiales acontecidas en el siglo XX, luchó junto al ejército inglés en la segunda guerra mundial y su madre falleció en un campo de concentración. Una de las críticas más notables que hemos encontrado a la ética establecida por Jonas es la ambigüedad que existe en su concepto de lo bueno y lo identificable con el valor, a saber, la existencia, el ser y la biología. Esta crítica postula que Jonas no deja claro si este naturalismo que establece que la biología es la esencia del ser, es compatible con una autonomía racional del sujeto moral y ético.

La respuesta de Beck a la pregunta sobre si el ser humano tiene responsabilidad para con el futuro y la naturaleza, es afirmativa, a través de la tecnociencia el ser humano pone en peligro su propia supervivencia poniendo en peligro a la naturaleza. Para Beck el tránsito de la primera modernidad, en la que el Estado-Nación es capaz de responder a las demandas sociales, a la Segunda Modernidad, caracterizada por el riesgo global, al que el Estado-Nación no puede hacer frente, debido al proceso de globalización, es el que ha dado lugar a la situación actual de la tecnociencia, en la cual se ha de plantear nuevos paradigmas de resolución de los riesgos, a los que el desarrollo tecnocientífico conduce. En palabras de Beck "Riesgo es el enfoque moderno de la previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana, las diversas consecuencias no deseadas de la modernización radicalizada", es decir, el concepto de riesgo surge como consecuencia de la confrontación de la modernidad con las consecuencias no deseadas de sus propias acciones. El Estado-Nación no puede hacer frente a los riesgos y por lo tanto surge una forma política, la comunidad mundial, que supone una nueva forma de organización política y estructuración de la sociedad. Entre la política y la sociedad surgen las “comunidades del riesgo”, formadas por sujetos que se autoorganizan cuando se sienten en riesgo, por algo que se percibe como un peligro para la sociedad, y lógicamente se sienten afectados por dicho riesgo; son la nueva forma que adquiere la lógica de la acción colectiva en las sociedades del riesgo, y que se diferencian de las clases sociales u otros grupos de interés, colectividades propias de la sociedad industrial clásica, que no han dejado de existir en la Segunda Modernidad. Beck propone como respuesta al fenómeno de la globalización, el término glocal, es decir, que los riesgos en la Segunda modernidad traspasan lo local, y repercuten globalmente, por ello ha de surgir, como respuesta al riesgo que conlleva el desarrollo tecnocientífico, un nuevo sistema político y una nueva organización social, a través de los cuales se pueda prever y hacer frente a los riesgos globalmente, para así salvaguardar la supervivencia del ser humano y de la naturaleza, sin la cual no puede preservar su existencia.


Las teorías de Jonas y Beck, además de partir de la misma problemática, no son excluyentes entre sí, sino que se complementan, Jonas aporta la ética necesaria para que el ser humano se conciencie respecto a las consecuencias de sus acciones, y Beck señala la necesidad de una transformación política y social, para hacer frente al riesgo que conllevan la globalización y el desarrollo tecnocientífico. Actualmente, observamos una tendencia en el ser humano, de no reflexionar sobre las consecuencias del desarrollo tecnocientífico, éste último es considerado como una fuente de conocimiento y novedad, de la que se tiende a no prever las consecuencias, pero según Jonas y Beck la tecnociencia debe ser regulada, según las consecuencias que conlleven sus nuevos avances, para asegurar la supervivencia del ser humano y preservar la naturaleza. En la actualidad los riesgos aún no han llegado a sus consecuencias más devastadoras, por lo que la sociedad tiende a no admitir la existencia de éstos y el peligro en el que el planeta y la humanidad se encuentran, ¿ha de llegar el día en que no haya agua potable en el planeta, para que el ser humano se conciencie respecto a su responsabilidad, debido al poder que ha adquirido? Beck y Jonas advierten a través de sus teorías que este día llegará, y para ese entonces las consecuencias serán irreversibles, por lo que los humanos presentes hemos de concienciarnos y tomar medidas para que no llegue, para que la humanidad pueda seguir existiendo y progresando (de forma responsable), y para no destruir el planeta en el que vivimos.

Hans Jonas


1. Introducción.

Ante la creciente influencia del poder tecnocientífico, surge la ética de la responsabilidad de Hans Jonas, con la finalidad de preservar la existencia auténticamente humana y prevenir los riesgos y efectos devastadores que los avances tecnocientíficos suponen. Jonas advierte que la existencia humana se encuentra en una situación crítica debido a las consecuencias que el progreso tecnocientífico conlleva; es necesario señalar que el autor no es contrario al avance tecnocientífico en sí, sino al avance inconsciente e irresponsable de la técnica que supone una amenaza para el futuro de la raza humana y de la naturaleza en su conjunto.

La ética creada por Jonas refleja una gran influencia de su marco biográfico: nació en el seno de una familia judía, realizó los estudios de filosofía y teología, y sufrió las dos guerras mundiales. Ante los brutales acontecimientos que tuvieron lugar en el transcurso de su vida, Jonas creó una ética basada en la responsabilidad, elemento clave para disminuir los efectos atroces de la técnica humana, que es llevada a cabo sin reflexión previa, ante las consecuencias que puede suponer para el presente de la existencia humana y su futuro.

Hans Jonas forma parte del paradigma consecuencialista, debido a que su ética está basada en tener en cuenta los efectos, resultados y principios reguladores de cualquier acción, sin embargo está fundamentada en la metafísica de la que extrae ciertos imperativos en los que fundar la teoría, de lo que extraemos que se observa un cierto apriorismo, al partir de principios para posteriormente llegar a ciertas consecuencias; lo anterior crea una cierta circularidad que aporta a la teoría densidad y coherencia.



2. Fundamentación de la ética orientada al futuro.

Jonas comienza señalando la diferencia entre la concepción tradicional de los derechos y el deber para con la ética orientada al futuro, tradicionalmente los derechos y deberes se fundamentaban en la idea de reciprocidad, en la que a través de los derechos del “otro” quedan configurados los míos; lo anterior no sirve para una ética basada en el futuro ya que el “otro” aún no existe, y por lo tanto tampoco el deber para con él. Por lo tanto, es necesario un nuevo principio en el que fundamentar la ética orientada al futuro, y Jonas señala al deber como fundamento primero de su ética y basa a este último en el “ser” cuyo imperativo es “toda vida plantea exigencia de vida”.

El deber al que Jonas se refiere reside en el concepto de responsabilidad en la moral tradicional se trata de un deber no recíproco que se practica espontáneamente, como por ejemplo en la relación padre e hijo. El progenitor es responsable de la protección de la descendencia ya que a él se debe su existencia, y la progenie precisa de sus cuidados para que sea posible su supervivencia, derecho que adquieren al nacer. Pero el derecho a nacer de las generaciones futuras es infundamentable, tal y como señala el autor, lo futuro aún no es y por lo tanto no puede fundamentarse en la responsabilidad de lo que es; por lo que con su ética añade el principio necesario para fundamentar la responsabilidad con el futuro: el deber para con el “ser”.

Jonas señala que el deber de responsabilidad para con la humanidad futura es posibilitar la esencia humana, esta esencia está amenazada por ciertos peligros que también amenazan la propia existencia; por otra parte, respecto a los derechos y deberes, los hombres futuros tienen el derecho de acusarnos"de ser los autores de su desdicha", luego existe también en nosotros un deber de autores que responde al derecho anterior. Así como es nuestro deber velar por la auténtica humanidad, también ha de ser el deber de los hombres futuros, por ello debemos posibilitar con nuestras acciones que dicho deber pueda ser llevado a cabo, tarea que hace peligrar el avance de la tecnociencia. El mantenimiento del ser y la esencia humana son pilares fundamentales en la ética orientada al futuro de Jonas, por ello, propone como primer imperativo “que haya humanidad”, tarea de la que son responsables los humanos del presente y del futuro, no sólo han de posibilitar que haya humanos, sino también que éstos sean partícipes de la esencia humana. El imperativo anterior nos hace responsables de la idea de hombre que exige su materialización en el mundo, se trata de una idea ontológica que no garantiza la existencia del hombre, pero que exige su presencia en el mundo, y por ello es un deber del hombre actual; la idea de hombre nos dice por qué debe haber hombres y cómo deben ser. Jonas añade respecto a la idea del ser del hombre un imperativo categórico no hipotético: “Si en el futuro existen hombres, entonces rigen tales y cuales deberes para con ellos, que debemos observar por anticipado”. Este imperativo obliga a que haya hombres en el futuro, porque la propia idea de hombre lo exige, y se trata de una idea del ser, por lo que este principio de la ética orientada al futuro se basa en la metafísica en cuanto doctrina del ser, a la que corresponde la idea de hombre. Jonas funda su ética en la metafísica, y afirma que el imperativo anterior contradice dos dogmas de los que es acusada la metafísica tradicionalmente: no existe la verdad metafísica y del ser no puede derivarse el deber; lo último se debe a que refiere a un sólo concepto de ser verdadero y único; y volviendo al primer dogma, la negación de la metafísica presupone un concepto de conocimiento del que no se puede obtener verdad científica de los objetos de la metafísica, pero esta negación no supone un problema para ética del futuro ya que toda ética esconde una metafísica, según Jonas. La ética orientada al futuro debe estar basada, además, en una metafísica racional que no esté determinada por los cánones de la ciencia positiva, de la que a priori solo podemos saber dos cosas: debe retroceder hasta la pregunta del ser y su relación con el deber, y no debe anclarse en el antropocentrismo que caracteriza a la ética tradicional.

3. El futuro de la humanidad y la naturaleza.

En la era de la civilización técnica el principal deber del hombre es garantizar el futuro de los hombres, en este deber está contenido el futuro de la naturaleza que es su morada terrena; reducir el deber del hombre al hombre, dejando a un lado a la naturaleza, representa una deshumanización del hombre y contradice su meta que es garantizar la esencia humana en los hombres futuros, que no podría darse si la naturaleza no permanece; además el hombre es producto de la naturaleza por lo que debemos fidelidad a todas sus creaciones, entre ellas nuestro propio ser. Jonas señala que el hombre tiene posibilidad de ejercer su poder sobre la naturaleza, ésto es un derecho natural fundado en la posibilidad; pero el deber para con el hombre incluye el deber para con la naturaleza ya que es la condición de su permanencia y un elemento de su existencia; ésta comunidad del hombre y la naturaleza descubre la dignidad de la última, y nos llama a preservar su integridad. En la naturaleza todo es diversidad, se trata de una suma de agresiones que se limitan recíprocamente y que a veces se acompañan de destrucción, la ley de la ecología evita el abuso de la naturaleza por parte de los hombres para preservar la permanencia del todo, pero lo anterior no es suficiente, es necesaria un ética para con el futuro que descubra la dignidad de la naturaleza y la imposibilidad del mantenimiento de la esencia humana sin ella, una ética que muestre la relación necesaria entre el ser humano y la naturaleza en la que habita.



Debido al desarrollo del pensamiento y la civilización técnica, el hombre está en situación de ponerse en peligro a sí mismo y a todas las demás formas de vida. Jonas afirma que, para Aristóteles, el hombre se elevaba por encima de la naturaleza pero su mera contemplación no le infringía daño; pero con el intelecto práctico emancipado con la llegada de la ciencia y la instauración del experimento, con el que se produce un efecto en la naturaleza, como pilar principal de su desarrollo, se oponen a la naturaleza tanto el pensamiento como la acción. Para Jonas actualmente el peligro es evidente, y el poder unido a la razón conlleva cierta responsabilidad, que ha aumentado al igual que lo ha hecho nuestro poder de destrucción. Aquí surge un nuevo deber a partir del peligro, junto a una ética de la conservación, de la prevención (y no de progreso), de la custodia y del perfeccionamiento. Todo trabajo del hombre auténtico pasa a depender de la conservación de "la existencia de la humanidad en una naturaleza aceptable". La tarea del hombre actual es la de mantener la posibilidad para los humanos futuros, por lo que lo principal de esta ética para con el futuro es decir no al no-ser y sí al ser, significa decir sí a la conservación de la esencia humana en las generaciones futuras, y sí a la conservación de la naturaleza sin la cual esta esencia no puede darse.



4. El principio de responsabilidad.


En este apartado vamos a explicar las primeras distinciones, que establece Jonas, necesarias para comprender su concepto de responsabilidad:
  1. Responsabilidad como imputación causal de los actos cometidos.
    El poder causal es condición de posibilidad de la responsabilidad. El daño causado ha de ser reparado aunque éste no se haya cometido ni si quiera intencionalmente. Sin embargo esto no se puede dar de una manera tan simple cuando en él no hay una conexión directa entre el daño cometido y su causante. Aquí Jonas nos habla de un concepto "vertical" de responsabilidad, ya que afirma que puede suceder el caso de que alguien tenga que asumir responsabilidades sin tener la culpa, en un sentido efectivo: se pude dar el caso de que alguien tenga que hacerse responsable de algún subordinado a su cargo: "El superior reúne de manera general en su persona la causalidad de sus subordinados" (El principio de responsabilidad, editorial Herder Barcelona 1995,pág. 161.). Este poder causal estaría vinculado a una justicia legal, sin embargo no tardó en añadirse a este marco de responsabilidades el castigo, entendido como un concepto moral. El centro del castigo siempre es el acto, puede suceder que haya acciones que no lleguen a llevarse a cabo y que puedan tener algún tipo de castigo. Sin embargo no debemos dejar de advertir que los actos siempre tendrán una represalia mayor, así por ejemplo, la conspiración de un robo es delito y se le impone un castigo no para reparar el daño hecho, sino para restablecer el orden moral; aunque sigue siendo un delito no tan grave como el hecho del robo en sí. He aquí la distinción entre responsabilidad moral y responsabilidad civil, y su reflejo en el desarrollo del derecho penal y el derecho civil. Ambos tienen en común la responsabilidad entendida como una carga formal que no pone fines, y que pesa sobre toda acción causal; que establece el derecho a pedir cuentas sobre estas acciones, y que es condición previa a la moral, pero ella misma no lo es todavía.
  2. La responsabilidad por lo que se ha de hacer: El deber del poder.
    Jonas nos habla sobre la responsabilidad que lleva tras de si la construcción preposicional “por lo”, esto es cuando existe una responsabilidad que está orientada al bienestar de otros, o de algo externo a mí, pero que está inserto en el campo de alcance de mi poder. Esa cosa es mía entonces, porque tiene una relación causal con mi poder. Al haber una dependencia, concepto moral, de algo externo que se ha vuelto mío, al ser mi poder la causa de su existencia; mi responsabilidad es obligada, y es un responsabilidad afectiva, según Jonas. Este sentimiento afectivo, es decir, a lo que hoy llamamos ética, tiene su origen en la bondad de la cosa (teleología de los organismos vivos), y abochorna al egoísmo del poder.
  3. ¿Qué significa "actuar irresponsablemente"?.
    Solo, si tenemos responsabilidad, si existe esa cosa externa que está dentro del alcance de nuestro campo de poder, podemos actuar de manera irresponsable. El control sobre otros, exige obligaciones para con ellos. Cuando se comete una irresponsabilidad se comete un acto de no fidelidad a este principio, el cual a los ojos de nuestro autor es imprescindible.
  4. La responsabilidad es una relación no recíproca.
    Para Jonas, no es claro que la responsabilidad se pueda dar entre individuos iguales o independientes. En el caso de actuar con solidaridad en empresas con mucho peligro, tales como pueden ser una guerra, esta solidaridad se ejerce en favor del fin común, no por la responsabilidad que tenemos para con nuestros iguales. Jonas describe el ejemplo de la familia, en el que se ve claramente que siempre hay una carga mayor de responsabilidad en las relaciones verticales, como en la de padre-hijo, que en las horizontales, como en las relaciones de hermanos.
  5. La predicción derivada del poder causal analítico.
    Hoy en día contamos con un poder analítico con el que ninguna otra época pudo soñar. Podemos deducir y calcular las posibilidades del presente y liberarnos de el método de inducción por analogía, con el pasado. Sin embargo, cuanto más poder de predicción teórica tenemos, más son las incógnitas que se presentan; y cuanto más complejo es el horizonte de saberes que tenemos para el futuro, y para el destino colectivo, mucho mayor es la responsabilidad de esta misma colectividad.
Estas son las distinciones previas que a ojos de Jonas, suponen la antesala a la compresión profunda de su principio de responsabilidad, el cual se puede condensar en el siguiente imperativo: “Actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica”, éste junto con la heurística del temor son las claves para una ética que modere la conducta humana, que es en último término, el objetivo de su teoría.



5. Heurística del temor.

Al realizar una acción el hombre tiene esperanza respecto a los fines y consecuencias que se darán tras su realización, dicha esperanza crea un cierto temor y respeto ante la inseguridad de no poder prever las consecuencias de la acción, dicho temor al ser aplicado a lo desconocido se convierte en condición de la responsabilidad activa, no como un temor que paraliza la acción ante las consecuencias respecto al futuro, sino como un temor que activa y fomenta la acción, un temor que hace al ser humano más responsable a la hora de decidir que acciones ha de tomar y de sopesar las consecuencias futuras que resultarán de ellas. Para Jonas, el hombre a través del temor, se conciencia respecto al futuro y las acciones que lleva a cabo respecto a las consecuencias que éstas conllevan; por ello cuanto más temor nos infunda el futuro más responsabilidad tiene el hombre respecto a éste, y más respeto adquiere respecto a las consecuencias de las acciones que lleva a cabo. Así el temor se convierte en un deber que va acompañado de la esperanza (de poder dejarlo de lado y así actuar) y del respeto.

A través del respeto y el temor se protege el hombre de errar y por lo tanto también se protege el futuro y la humanidad futura.
"Lo paradójico de nuestra situación consiste en que el respeto perdido hemos de recobrarlo a través del estremecimiento; lo positivo a través de la representación de lo negativo; el respeto a lo que el hombre fue y es, a través del estremecimiento retrospectivo ante lo que podría llegar a ser y ante la mirada que tal posibilidad clava sobre nosotros desde el futuro pensado de antemano."
El respeto es lo que salvará al futuro de la naturaleza y la humanidad de las consecuencias de las acciones humanas presentes; a través del temor, el respeto y la responsabilidad se preserva la "imagen fiel" o la esencia humana en las generaciones futuras.


Relaciones entre ambas teorías


El propósito de este trabajo, es el de comparar las teorías de Ulrich Beck y de Hans Jonas, que aunque puedan parecer incompatibles, responden a la necesidad de crear un nuevo discurso crítico ante el peligro del desarrollo tecnocientífico. Siguiendo este objetivo, pasamos a señalar cinco aspectos tratados en las teorías de ambos autores, pero abordados de distinta forma:
  1. La urgencia en cuanto a los riesgos. El peligro del que parte la teoría de Jonas es la pérdida de la esencia y del ser como existencia y perpetuación de la vida. El autor incide desde el punto de vista metafísico que el desarrollo tecnocientífico puede ocasionar que el ser humano no tome en consideración que las nuevas generaciones mantengan la esencia. Por otra parte, para Beck el peligro que plantea el avance de la tecnociencia es un retroceso a nivel fundamental de las condiciones y medio en el que se debe desarrollar la humanidad. Empleando otros términos, las revoluciones tecnocientíficas no pueden realizarse a cualquier precio; sino ha de considerarse el impacto medioambiental y las repercusiones para la sociedad que generen dichas revoluciones. Todo ha de medirse por las consecuencias que genere en la sociedad.
  2. Preocupación por el futuro. La preocupación para con el futuro de Jonas reside en el mantenimiento del ser y la preservación de las posibilidades futuras de los humanos del futuro para poder seguir perpetuando este decir sí al ser auténtico. Beck plantea que el futuro, que ya es presente, ha de resolver los problemas propios de la segunda Modernidad; o sea, las cuestiones de nuestra época han de solucionarse con nuevas herramientas, ya que los conceptos clave de la primera Modernidad, se hallan obsoletos.
  3. La naturaleza. Para Jonas, la naturaleza es la única condición en la que se puede dar la esencia del hombre. La naturaleza es la morada de la auténtica esencia del hombre. Sin naturaleza, no hay hombre; por lo tanto el hombre tiene responsabilidad respecto a ella, para que su esencia pueda seguir perpetuándose. Según Beck, la naturaleza es el campo de posibilidad de nuestra sociedad; por ello, hemos de medir nuestro impacto y las consecuencias de nuestras acciones en la naturaleza. La sociedad precisa vivir en un ambiente y si lo perjudicamos, estamos dañando a la propia sociedad. La concienciación y el uso del concepto de riesgo pueden contribuir a mejorar nuestro trato hacia el medio.
  4. Responsabilidad. La responsabilidad en Jonas se funda en el deber para con los que no existen y su derecho a la posibilidad de mantener la existencia. Es una responsabilidad basada en un deber desde un concepto metafísico del ser. Esta noción de responsabilidad se sustenta en la esperanza, el temor y el respeto. Según Beck, la responsabilidad se plantea en términos sociológicos y medioambientales; es decir, toda consideración de la responsabilidad asignable al desarrollo tecnocientífico ha de tener en cuenta los posibles efectos sobre el medio ambiente y la sociedad. Cualquier denominado avance debe ser medido por sus repercusiones en la sociedad y la naturaleza.
  5. Consecuencias. Cada autor establece sus propias consecuencias. Abordemos primero a Jonas. Debido a los efectos posibles de la intervención de la tecnociencia la humanidad debe moderar sus acciones teniendo en cuenta las consecuencias considerando la heurística del temor; en estas, Jonas afirma que la única forma de que el ser humano se conciencie con respecto a las consecuencias de sus acciones es a través del temor. Este temor surge de la esperanza en la acción que crea una incertidumbre que lo origina. A su vez, de este temor surge el respeto dando lugar a la fundamentación de la responsabilidad. La propuesta de Beck reclama tener una especial atención a las consecuencias de los avances tecnocientíficos, y no tan sólo se reduce a identificar la ineficacia de la aplicación de los planteamientos de la primera Modernidad para nuestra época. Por tanto, hemos de intentar medir el impacto de nuestro progreso a escala global. El empleo del término "riesgo global" puede servir para unir a contrarios y establecer una nueva forma de realizar políticas por el temor a un determinado riesgo con consecuencias globales.
Parece evidente que ambos autores parten de paradigmas muy distintos, sin embargo, sus teorías lejos de ser incompatibles coinciden en aspectos muy importantes dentro de los fundamentos de sus respectivas teorías. El temor y el miedo al riesgo global ante los efectos de la tecnociencia son el pilar para unir dichas teorías, propósito de este trabajo.

Resumen: El principio de responsabilidad, capítulo 6º (III-3).

Capítulo sexto. La crítica de la utopía y la ética de la responsabilidad.


III. De la crítica de la utopía a la ética de la responsabilidad.


3. La ética no utópica de la responsabilidad.

a) Temor, esperanza y responsabilidad.
            Al realizar una acción el hombre tiene esperanza respecto a los fines y consecuencias que se darán tras su realización, dicha esperanza crea un cierto temor ante la inseguridad de no poder prever las consecuencias de la acción, dicho temor al ser aplicado a lo desconocido se convierte en condición de la responsabilidad activa, no como un temor que paraliza la acción ante las consecuencias respecto al futuro, sino como un temor que activa y fomenta la acción, un temor que hace al ser humano más responsable a la hora de decidir que acciones ha de tomar y de sopesar las consecuencias futuras que resultarán de ellas. Para Jonas el hombre a través del temor se conciencia respecto al futuro, y las acciones que lleva a cabo respecto a las consecuencias que éstas conllevan; por ello cuanto más temor nos infunda el futuro más responsabilidad tiene el hombre respecto a éste. Así el temor se convierte en un deber que va acompañado de la esperanza (de poder dejarlo de lado y así actuar).

b) Para la custodia de la imagen fiel.
            A través del respeto y el temor se protege el hombre de errar y por lo tanto también se protege el futuro y la humanidad futura.
"Lo paradójico de nuestra situación consiste en que el respeto perdido hemos de recobrarlo a través del estremecimiento; lo positivo a través de la representación de lo negativo; el respeto a lo que el hombre fue y es, a través del estremecimiento retrospectivo ante lo que podría llegar a ser y ante la mirada que tal posibilidad clava sobre nosotros desde el futuro pensado de antemano."
El respeto es lo que salvará al futuro de la naturaleza y la humanidad de las consecuencias de las acciones humanas presentes; a través del temor y la responsabilidad se preserva la "imagen fiel" o la esencia humana en las generaciones futuras.

Resumen: El principio de responsabilidad, capítulos 2º (IV) y 5º (I)

Capítulo segundo. Cuestiones metodológicas y de fundamentación.


IV. El deber para con el futuro.


1. La no reciprocidad en la ética orientada al futuro.

            La concepción tradicional de los derechos y deberes se basa en la idea de reciprocidad, así a través de los derechos del otro quedan configurados los míos; la idea anterior no nos sirve ya que lo que buscamos es una ética basada en el deber para con el futuro, esto es, los deberes se basan en lo que todavía no es, por lo tanto no ha de estar fundamentada por la reciprocidad. Jonas quiere basar esta ética para con el futuro en el deber y éste a su vez en el ser, por lo que habla de que "toda vida plantea exigencia de vida", y éste sería el derecho fundamental que hay que tomar como primer principio de la ética del deber para con el futuro.

2. El deber para con los descendientes.

            La responsabilidad en la moral tradicional es un deber no recíproco que se practica espontáneamente, por ejemplo en el deber para con los hijos que sin esa responsabilidad de los progenitores, perecerían; Jonas lo identifica como "el único comportamiento totalmente altruista procurado por la naturaleza" ya que el origen de la idea de responsabilidad está en la relación con los descendientes que requieren protección. Hay que diferenciar entre el deber para con los hijos, que se fundamenta en que somos autores de su existencia y por lo tanto el derecho que ellos adquieren al nacer; y el deber para con las generaciones futuras, de los no nacidos a nacer, que es infundamentable.

3. El deber para con la existencia y para con la esencia de una descendencia en general.

            El deber de responsabilidad para con la humanidad futura implica que tenemos un deber para con la existencia de esa humanidad futura, y un deber para con su esencia.
            a) ¿Precisa fundamentación el deber para con la descendencia?.
            El segundo deber para con la humanidad futura es posibilitar la esencia humana, esta esencia está amenazada por ciertos peligros que también amenazan la propia existencia, respecto a los derechos y deberes los hombres futuros tienen el derecho de acusarnos "de ser los autores de su desdicha", luego existe en nosotros un deber de autores que responde al derecho anterior.
            b) Prioridad del deber para con la existencia.
            Debemos velar por el deber de los hombres futuros más que por su derecho, el deber de formar una auténtica humanidad, de la que los hombres actuales podemos despojarles con nuestra "tecnología <<utópica>>". Por lo tanto se sigue el derecho individual del deber general, debido al deber de posibilitar la existencia de futuros sujetos con derechos, y no al revés como en la ética del presente basada en la reciprocidad en la que se llega a lo general a través de lo individual.
            c) El primer imperativo: que haya una humanidad.
            Jonas propone aquí la regla de que no es admisible ninguna esencia humana de los hombres futuros que sea contraria a la existencia de una humanidad, el imperativo es que haya humanidad.

4. La responsabilidad ontológica por la idea de hombre.

            El imperativo anterior nos hace responsables de la idea de hombre que exige su materialización en el mundo, se trata de una idea ontológica que no garantiza la existencia del hombre, pero que exige su presencia en el mundo, y por ello es un deber del hombre actual; la idea de hombre nos dice por qué debe haber hombres y cómo deben ser.

5. La idea ontológica general un imperativo categórico, no hipotético.

            El imperativo hipotético afirma que "Si en el futuro existen hombres, entonces rigen tales y cuales deberes para con ellos, que debemos observar por anticipado", éste ordena que haya hombres, y se trata de una idea del ser, por lo que el principio de la ética orientada al futuro se basa en la metafísica en cuanto doctrina del ser, a la que corresponde la idea de hombre.

6. Dos dogmas: <<no hay verdades metafísicas>>, <<no hay camino del "es" al debe">>.

            Lo anterior contradice dos dogmas: no existe la verdad metafísica y del ser no puede derivarse el deber; lo último se debe a que refiere a un sólo concepto de ser verdadero y único, volviendo al primer dogma la negación de la metafísica presupone un concepto de conocimiento del que no se puedo obtener verdad científica de los objetos de la metafísica, pero esta negación no supone un problema para ética del futuro ya que toda ética esconde una metafísica.

7. La necesidad de la metafísica.

            La ética que buscamos debe basarse en una metafísica racional que no esté determinada por los cánones de la ciencia positiva; a priori solo podemos saber dos cosas sobre ella: debe retroceder hasta la pregunta del ser y su relación con el deber, y no debe anclarse en el antropocentrismo que caracteriza a la ética tradicional.


Capítulo quinto. La responsabilidad hoy: el futuro amenazado y la idea de progreso.


I. El futuro de la humanidad y el futuro de la naturaleza.


1. La solidaridad de interés con el mundo orgánico.

            En la era de la civilización técnica el principal deber del hombre es garantizar el futuro de los hombres, en este deber está contenido el futuro de la naturaleza que es su morada terrena; reducir el deber del hombre al hombre, dejando a un lado a la naturaleza representa una deshumanización del hombre y contradice su meta que es garantizar la esencia humana en los hombres futuros, además el hombre es producto de la naturaleza  por lo que debemos fidelidad a todas sus creaciones, entre ellas nuestro propio ser.

2. El egoísmo de las especies y su resultado simbiótico total.

            El hombre tiene posibilidad de ejercer su poder sobre la naturaleza, ésto es un derecho natural fundado en la posibilidad; pero el deber para con el hombre incluye el deber para con la naturaleza ya que es la condición de su permanencia y un elemento de su existencia; ésta comunidad del hombre y la naturaleza descubre la dignidad de la última, y nos llama a preservar su integridad. En la naturaleza todo es diversidad, se trata de una suma de agresiones que se limitan recíprocamente y que a veces se acompañan de destrucción, la ley de la ecología evitaba el abuso a la naturaleza por parte de los hombres para preservar la permanencia del todo.

3. La perturbación del equilibrio simbiótico por el hombre.

            Con el pensamiento y la civilización técnica, el hombre está en situación de ponerse en peligro a sí mismo y a todas las demás formas de vida. Para Aristóteles el hombre se elevaba por encima de la naturaleza pero su mera contemplación no le infringía daño, pero con el intelecto práctico emancipado con la llegada de la ciencia se oponen a la naturaleza tanto el pensamiento como la acción. Actualmente el peligro es evidente, y el poder unido a la razón conlleva cierta responsabilidad, que ha aumentado al igual que lo ha hecho nuestro poder de destrucción.


4. El peligro desvela como deber primario el <<no>> al no-ser.

            Aquí surge un nuevo deber a partir del peligro junto a una ética de la conservación, de la prevención (y no de progreso), de la custodia y del perfeccionamiento. Todo trabajo del hombre <<auténtico>> pasa a depender de la conservación de "la existencia de la humanidad en una naturaleza aceptable". La tarea del hombre actual es la de mantener la posibilidad para los humanos futuros, por lo que lo principal de esta ética para con el futuro es decir no al no-ser y sí al ser, significa decir sí a la conservación de la esencia humana en las generaciones futuras.